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Patadeperro

Hacia la construcción de una agenda de Investigación de la Sociedad de la Información.

Un mundo tecnológico y nada nuevo.

Uno de los elementos que parece permear las reflexiones más recientes relacionadas con el Internet y, en general, con las llamadas nuevas tecnologías es el replanteamiento del hecho de que hace tiempo que dejaron de ser novedosas (aunque algunos usos, como el de los mensajes SMS, los mensajes multimedia o las cámaras de fotografía y video, por nombrar algunas nuevas funciones de los móviles y tomarlos como ejemplo, hacen que se reconfiguren las dimensiones de utilización y apropiación de una misma tecnología). Ahora bien, ¿qué queda después de una década de la Web, de varios años con los ordenadores de consumo, de la amplia difusión de las conexiones de alta velocidad, los móviles de última generación, las cámaras digitales, la convergencia tecnológica y muchos otros elementos que forman una ecología tecnosocial cada vez más envolvente e interdependiente que se autoreproduce y complejiza contínuamente? La respuesta no parece clara ni fácil y se complica a medida que más países, personas y gobiernos entran en el juego y mientras más y más procesos y estrategias dependen de bases tecnológicas. Además, es clave el hecho de que dichas bases inunden esferas tan importantes de lo social como el trabajo, la familia, el ocio o la política. Está claro que un amplio sector de la sociedad, no sólo en distinciones clásicas como norte o sur, rural y urbano o desarrollado y en desarrollo, sino como Aunque sigue siendo ciertoque el acceso a esta “tecnosfera”, con el Internet como espina dorsal, es elitista y sectario, existen dos elementos a considerar en ello: por un lado, la importancia que tienen dichos elementos tecnológicos en la nueva conformación cultural, simbólica y mediática en el mundo entero, protagonismo que permea a la sociedad en general, independientemente del acceso a la red o a cualquier otro insumo. Es decir, aunque millones de personas todavía no tienen acceso a la Red, al teléfono, incluso ni a recursos mínimos para la subsistencia, la mayoría de los gobiernos, instituciones educativas y empresas utilizan las computadoras y muchas veces al Internet (por nombrar dos herramientas) para la toma de decisiones en ámbitos que impactan a países, poblaciones y economías enteras. El segundo elemento a considerar es que los índices de acceso están incrementándose vertiginosamente en geografías que tenían un desequilibrio, como América Latina y Asia, así como en diferentes generaciones y en las mujeres (éstas y las personas mayores habían sido hasta ahora los grupos con menor acceso a Internet), lo que hace que poco a poco tienda a balancearse la desproporción existente, aunque está claro que el equilibrio de acceso nunca podrá estar ni siquiera cerca de la mitad de la población, ni dentro de los países ni entre ellos, por el simple hecho de que los accesos a la riqueza son desiguales (evidentemente, los países desarrollados tienen un índice mucho más alto de conectividad que los considerados en vías de desarrollo). A pesar de que hay avances positivos con base en políticas y acciones gubernamentales, académicas y sociales, todavía es largo el camino. Tendríamos aquí un primer objeto de conocimiento y un punto para la agenda: conocer las condiciones macro en las que se gesta la implementación de elementos tecnológicos, lo que podría hacerse en forma de indicadores o mapas de “conectividad” (cfr. Gómez y García, 2001) o en ensayos extensos que tomen como punto de partida un elemento y su relación con la tecnología (cfr. Carnoy, 2000)

Ahora bien, la cuestión no es sólo de forma sino de fondo ya que las tecnologías, por si mismas, no representan una condición “ética” o social. Las mismas herramientas pueden servir tanto para la organización de la ayuda para las víctimas del maremoto como para hacer volátil la economía de un país o para que personas con intereses comunes se comuniquen, independientemente de su lugar en el mundo. Es su uso y apropiación lo que les otorga sentido, más allá de su estructura y funciones. Por ello es necesario, por un lado, conocer las características intrínsecas de las herramientas y, por otro, sus posibilidades en diferentes ámbitos.

Responsabilidad y acción en busca del conocimiento.

Ya aceptamos como algo común que en la compra de un billete de cualquier transporte o la inscripción o utilización de algún servicio, se nos haga esperar porque “no hay sistema” y ello no puede más que significar la imposibilidad de actuación por parte de personas que cada vez dependen más de un ordenador, de una red, de un móvil o de elemento tecnológico. Hemos interiorizado, lo que algunos autores como Silverstone, Morley y Hirsch (1992) suelen llamar “domesticado”, a las tecnologías, de tal manera que no esperamos que el ascensor se caiga o el coche se descomponga, y aun así, cuando el móvil se queda sin batería, el ordenador se traba o el servidor, en contra de su nomenclatura, no sirve, la culpa siempre está en el Self de las máquinas y nunca en nuestra relación, conocimiento, uso y apropiación de ellas. Es decir, se han vuelto tan “transparentes” que la misma transparencia hace que desconozcamos por completo su funcionamiento, sus procesos, sus capacidades, fortalezas y debilidades. Necesitamos por un lado, utilizar adecuadamente la ecología tecnológica que nos rodea pero siempre acompañando este uso de la reflexión y la crítica (constructiva para matizar) acerca de ella. Su uso y apropiación, que si bien no es capaz de modificar lo social por si mismo, tampoco es del todo inofensivo. Ejemplos de dicho impacto podríamos tener muchos, el mismo lenguaje podría servir como uno, no sólo se ha llenado de neologismos y tecnicismos sino que incluso se ha “creado” uno especial para ciertas tecnologías como los “RK2” de los móviles. Un ejemplo extra sería la gran cantidad de personas que establece relaciones (de todo tipo) a través del ordenador y que acaba cambiando su vida por una mujer o un hombre que conoció a través de bytes. Estas pequeñas “anécdotas” de la Sociedad de la Información, nos pueden servir como pistas para un proceso mucho más complejo y serio que es el de reflexionar constantemente, desde lo social, porque es mi campo de interés pero que fácilmente podría extrapolarse a lo político, lo económico, lo cultural etc. (lo que me parece ha sido el objetivo de esta clase) sobre la llamada Sociedad de la Información. Esta tarea, si bien pasa por los académicos, las universidades y mayoritariamente (preocupantemente quizá) las empresas, debe buscar democratizarse, expandirse, elaborarse públicamente. De ahí que algunos de los fenómenos de este ambiente tecnológico resulten tan buenas metáforas de procesos necesarios y pienso en la comunidad que trabaja en proyectos de software libre quienes no sólo utilizan las tecnologías, crean las tecnologías, no sólo reflexionan comunitariamente sobre ellas, desarrollan proyectos comunitarios con ellas, no sólo establecen un punto de partida para pensar sobre las necesidades sociales a partir de la tecnología sino que piensan la tecnología a partir de las necesidades sociales. Tendríamos de esta manera dos puntos más en la agenda que se pretende construir: El continuar con investigaciones enmarcadas en la tradición cualitativa, reflexiva, crítica y cultural sobre el uso y la apropiación de las tecnologías por parte de las personas (cfr. Jones, 1999, 1997, 1995). Estoy de acuerdo con él cuando plantea que “El Internet no es sólo una tecnología sino un motor de cambio social, uno que ha modificado hábitos de trabajo, de educación, relaciones sociales en general, y, quizá lo más importante, nuestras esperanzas y sueños” (p.2).
El último punto, que me parece una asignatura pendiente para muchos académicos, es el proporcionar herramientas de difusión del conocimiento para el grueso de la sociedad, como dice Howard refiriéndose a un texto de Leslie Reagan Shade: “Los investigadores no sólo deben estudiar la forma en la cual las inequidades sociales son replicadas en línea sino también deben construir proyectos para revertir esas inquidades” (2004, p. 3). Esto puede hacerse en forma de difusión de resultados de investigaciones, de organización de sistemas de información sociales (cfr. Galindo, 1996) y de instrumentación de proyectos sociales que operen con base tecnológica.

Hacia una verdadera Cibercultura (a manera de conclusiones).
Me parece muy valiosa la anotación de Wellman, B. y Haywothnthwaite, C. (2002) quienes proponen un matiz en el estudio del Internet y comenzar a trabajarlo como un objeto de conocimiento que ya está integrado en nuestras vidas cotidianas. También concuerdo con González (2003) quien señala que más allá de nombrar a la Cibercultura como una nueva conformación de la esfera cultural con la característica de las tecnologías de información como un elemento fundamental de ella, requiere de un trabajo conceptual más allá del uso pragmático de una palabra que no alcanza a definir, teórica y epistemológicamente, lo que pretende significar. Ese podría ser el punto de partida y el reto para la agenda propuesta, un sistema de información que se base en el análisis inter y multidisciplinario y que nos lleve a comprender a fondo los alcances de este concepto de Cibercultura, y que en lo personal me gusta mucho. Este trabajo tendría que contar con (al menos) dos características:
a)Interrelación de los fenómenos macro y micro; desde los indicadores de conectividad, de transformación de modelos en diferentes ámbitos y de penetración tecnológica, hasta las experiencias personales, comunitarias y sociales en donde esos fenómenos impactan.
b)Responsabilidad social por parte de los actores, no sólo en la construcción del conocimiento sino en la difusión, crítica y búsqueda de modelos y estructuras que apoyen una mayor equidad en los diferentes niveles expresados en el punto uno.
Creo firmemente en que cada byte cargado de sentido es un fragmento más de este fractal que buscamos como reflejo de la sociedad que queremos, evidentemente Castells con su obra en tres volúmenes puso las bases para este planteamiento, ahora el reto es actualizarlo y presentarlo de formas diversas. Termino parafraseando a Marx con su famosa tesis once sobre Feuerbach: Hasta ahora los académicos se han dedicado a estudiar a la Sociedad de la Información, de lo que se trata ahora es de realmente gestionarla.

Bibliografía.
Castells, M. (2001). La Galaxia Internet. España: Plaza & Janés.
Castells, M (2000). La Era de la Información (Vol.1, 2, 3). España: Alianza Editorial.
Carnoy, M. (2000). Sustaining the New Economy.New York: Russell Sage Foundation.
Galindo, J. (1996). Cultura de Información, política y mundos posibles. Estudios Sobre las Culturas Contemporáneas, 2 (3), 9-23.
Gómez, E. (2000). Espacio, Ciberespacio e Hiperespacio: Nuevas configuraciones para leer la Comunicación Mediada por Computadora. Anuario de Investigación de la Comunicación (IX). México: CONEICC.
Gómez, E. y García, A. (2001). “Ciberespacio: algunas cifras y notas” en Ernesto Villanueva (Coordinador) Hacia un nuevo derecho de la información. México: Universidad Iberoamericana-Fundación Konrad Adenauer.
González J. A. (2003), “Cultura (s) y cibercultur@s: incursiones no lineales entre complejidad y comunicación, Universidad Iberoamericana, México.
Howard, P. (2004). “Embedded Media: How we know, What we know, and Society Online”. En Philip Howard y Steve Jones (Eds.). Society Online The Internet in Context. Estados Unidos: Sage Publications.
Jones, S. (Ed.) (1999). Doing Internet Research. Estados Unidos: SAGE Publications.
Jones, S. (Ed.) (1997). Virtual culture : identity and communication in cybersociety. E.U.A. : Sage Publications.
Jones, S. (Ed.) (1995). CyberSociety : computer-mediated communication and community. E.U.A. : Sage Publications.
Silverstone, R., Hirsch, E. y Morley, D. (1992). Information and communication technologies and the moral economy of the household. En Roger Silverstone y Eric Hirsh (eds.). Media and Information in domestic spaces. Nueva York: Routlegde.
Wellman, B. y Haywothnthwaite, C. (2002). The Internet in Everyday Life. Oxford: Blackwell Publishing:
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1 comentario

gerardo Otero -

Querido hermano antes que nada felicitaciones por tu trabajo me gusto mucho.
Un comentario
Es parte del principio mas básico del ser humano el simplificar, esto sin importar el medio, las nuevas tecnologías en gran medida son un reflejo de este principio.
en tiempos recientes se veía un mar de palabras y un desierto de ideas hoy tenemos un mar de bits y un desierto de conocimiento aplicado.

En algunos ámbitos de la tecnología vemos aplicaciones que ayudan a la preservación del ser humano tal es el caso de la medicina y la biología. Es en estos caso cuando vemos un beneficio real para las sociedades modernas.
Las nuevas tecnologías de transferencia de información tienden a ser benéficos en un aspecto económico y esto distorsiona el principio de simplificar para distinguir lo bueno de lo malo así como lo falso de lo verdadero y lograr el entendimiento con este nuevo entorno tecnologico

Chin que fume
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